jueves, 16 de abril de 2015

Los Mandalas


La palabra mándala proviene del sánscrito clásico. Está compuesta de las palabras mand, que significa “trazar”, y la, que significa “círculo” o “centro sagrado”.  Mandala se traduce a veces como “recipiente de esencias”  término que da una idea de sus significados psicológicos y místicos. En las tradiciones hinduista y budista, es un símbolo sagrado del viaje espiritual; es una representación pictórica en dos dimensiones del universo divino multidimensional. Los símbolos y figuras que aparecen en los complicados mandalas pintados de estas tradiciones se limitan a sugerir lo que representan, una vivencia del carácter absoluto de la realidad con todo su esplendor y con toda su bienaventuranza, y la consecución de la iluminación.

El empleo del mandala, o de la forma circular, no se ha limitado a las tradiciones hinduista y budista. Los hombres han empleado instintivamente el círculo desde tiempos prehistóricos como símbolo de todos los aspectos de la existencia humana y planetaria. El mandala aparece, por ejemplo, en el arte indígena y prehistórico, en los petroglifos espirales de los yacimientos neolíticos, en los círculos pictográficos tallados en la roca en el suroeste de los Estados Unidos y en los símbolos que pitan las mujeres del  sudeste asiático junto a la puerta de su casa para expulsar la energía negativa.

¿Por qué usar los mandalas?


Las tensiones de la vida moderna te pueden dejar desconectado de tu yo verdadero y distanciado de tus necesidades y deseos más hondos. El trabajo con los mandalas te ayudará a volver a conectarte con tu cuerpo, con tu mente y con tu espíritu para que te sientas integro e integrado, en vez de estresado y desmontado. Los mandalas te ayudaran también a  recuperar tu conexión con la naturaleza y con la tierra. Pero lo más importante quizá sea que los mandalas son un instrumento de comunicación para conectar con Dios, con tu yo superior, con tu yo interior o con “la fuente”; en suma, con lo que es más grande que tú.

La práctica de dibujar y colorear mandalas mientras trabajamos con nuestros problemas personales psicológicos o espirituales sintoniza nuestro cuerpo y nuestra alma con nuestras necesidades más profundas y con nuestras intenciones más elevadas.  Los movimientos rítmicos del acto de dibujar o de colorear concentran el cuerpo del mismo modo que las cuentas del rosario potencian el recitado de los mantras en la tradición budista, o de las oraciones católica y musulmana. Las cuentas del rosario no solo sirven para contar, sino también para centrar el cuerpo y el alma en la actividad de la oración. El acto de dibujar, colorear o pintar la forma arquetípica del mandala mientras se practica la meditación o la contemplación centra el cuerpo, la mente y el alma en un mismo esfuerzo unificado.

Construir un mandala


Crear un mandala es un proceso realmente sencillo. Los dibujos de los mandalas pueden realizarse con creta, piedras, colores, lápices, flores,  sobre papel, arena, cuero, madera o tela. Las posibilidades son innumerables y tienen como limite la creatividad y la sensibilidad personal.  Prepararse para dibujar un mandala significa delimitar un espacio para uno mismo, alejándolo del imperativo de la productividad cuantificable y concreta a la que nos tiene acostumbrados la actual cultura occidental. Por lo tanto, es necesario liberar la mente de la necesidad de ser y de la esclavitud del tener, trasladándose a esa dimensión interior más íntima y natural de la que tendrá que manar el dibujo. Se tiene que escoger un ambiente apartado donde poder estar a solas con tranquilidad, irá bien una habitación cualquiera, siempre que se pueda garantizar luz, silencio y soledad por lo menos durante una o dos horas.

Después de haber escogido el ambiente apropiado debemos sentarnos cómodamente ante una mesa bien iluminada en la que habremos colocado todo el material necesario. Intentaremos a continuación liberar la mente de toda angustia y preocupación. Cerraremos los ojos e imaginaremos  la oscuridad o una luz muy intensa donde en un primer momento no debe haber imágenes ni colores, todo esto para facilitar el estado de neutralidad.


Cuando nos sintamos preparados abriremos los ojos e inspiraremos profundamente. Dibujaremos un gran círculo y miraremos su imagen, esta es la base de nuestro mandala. Este espacio tendrá que llenarse de colores y formas que surgirán de la parte más íntima de nuestra mente.  Podemos empezar a dibujar desde el centro o desde la circunferencia, pero también podemos dibujar fuera del círculo; no existen reglas fijas sobre ello, debemos dar espacio a la creatividad.  Cuando las imágenes empiecen a aparecer en nuestro interior, deberemos frenar cualquier juicio o pensamiento crítico. No existen mandalas justos o equivocados.  No es necesario ni siquiera llenar todo el espacio que disponemos, debemos terminar cuando sintamos, con completa libertad, que el dibujo ya está finalizado.

Fuentes:
Gauding, M.  La Biblia de los Mandalas. Gaia Ediciones.
Infusino, G.  El Extraordinario Poder de los Mandalas. De Vecchi.

No hay comentarios:

Publicar un comentario